Fracturas Vertebrales


Existen diversas formas de fracturas vertebrales: fractura del cuerpo vertebral, del arco vertebral o de las apófisis.

En los cuerpos vertebrales puede aparecer una fractura por aplastamiento (es decir, el cuerpo vertebral se colapsa), por estallido (parece que haya estallado) o en “gota de lágrima” (rotura del borde anterior o posterior de la vértebra). En casi la mitad de los casos la fractura vertebral afecta a una de las últimas vértebras dorsales o las primeras lumbares.

Las fracturas vertebrales suelen deberse al efecto de una fuerza muy intensa, salvo que hayan perdido densidad ósea (osteoporosis, atrofia ósea) o se hayan debilitado por alguna otra enfermedad (p. ej. un tumor maligno con metástasis en las vértebras).

Ocasionalmente las fracturas vertebrales pueden ser totalmente asintomáticas. Por regla general la zona afectada presenta dolor a la presión, a la percusión y a la compresión. Más raramente se observa un ángulo en la columna o un hueco entre dos apófisis vertebrales. A causa del dolor la movilidad de la columna suele estar limitada y además se adoptan posturas defensivas que acaban provocando contracturas musculares. Si también afecta a la médula espinal, aparecerán las disfunciones correspondientes a la lesión o incluso claudicaciones, como parálisis, trastornos de la percepción o reflejos anormales. Según la situación de la fractura vertebral y la magnitud de la lesión medular, en los casos más graves puede llegar a provocar una paraplejia completa.

El tratamiento de las fracturas vertebrales será, en la mayoría de los casos, conservador, con corses, collarines o minervas ortopédicas. Cuando exista inestabilidad vertebral o riesgo de lesion neurológica, está indicada una intervención quirúrgica, con la finalidad de descomprimir y estabilizar las estructuras afectas.