La artroscopia es un procedimiento quirúrgico usado para visualizar, diagnosticar y tratar problemas en las articulaciones.

La palabra artroscopia proviene del griego y significa «mirar dentro de la articulación». Durante la cirugía artroscópica el cirujano ortopédico realiza una pequeña incisión en la piel del paciente y luego inserta un instrumento del tamaño de un lápiz, que contiene una pequeña lente y un sistema de luces para magnificar e iluminar la estructura interna de la articulación.

Una cámara de televisión conectada con el artroscopio muestra la imagen de la articulación en una pantalla, permitiéndonos determinar el daño de la articulación y si es necesario reparar o corregir el problema.

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La artroscopia es un procedimiento menos agresivo que la cirugía abierta tradicional, permite acceder a la zona a operar a través de unas mínimas incisiones, con lo que la cicatrices resultantes también son más pequeñas, y favorece una menor estancia en clínica y una recuperación más rápida.